España 2050: los artistas seguirán muriéndose de hambre

Las viejas señoras de mi infancia, encorvadas por la vida y sus maridos, solían despedirse del mundo con un temeroso y profético: «Hasta mañana, si Dios quiere». Había, en aquel gesto, no la muestra de un sentimiento religioso, sino la certeza de que el futuro es una carta que siempre está a punto de llegar, algo que no termina de ser del todo cierto. Pedro Sánchez es ese hombre de mediana edad que ya no tiene abuela y que tampoco la necesita; el espejo e Iván Redondo le dicen todo lo quiere saber: que él es el más guapo, que de pensar ya se encargan otros. Los reflejos y los asesores de comunicación son las abuelitas de la democracia patria, los más sabios de la tribu-España (solo que, en lugar de colmarte de comida, te llenan de halagos que, recibidos en exceso, son más peligroso que el colesterol alto).

Tanto es así que, en vez de temer al Señor, los miembros del gabinete de prensa han decidido matarlo y ya han asegurado que el planeta Tierra seguirá existiendo en el año 2050, que no es poco, si miramos al presente: con eso a algunos, a los verdaderos conservadores, ya nos vale. El plan para esa fecha ha sido presentado esta semana por el presidente del Gobierno y, después de repasarlo, a mí solo me ha quedado clara una cosa: en el año 2050 yo ya no estaré aquí.

El documento, largo como una novela, prevé que dentro de tres décadas la tasa del paro del país sea del 7% y la jornada laboral de (solo) 2,5 horas menos que la actual, o sea: de 35. Además de esto, el proyecto ¿promete? un mayor gasto social, menos aviones, más trenes, menos escuelas, mejor educación y, casi, la desaparición del mundo rural, entre otras muchas cosas.

Pero en lo que de verdad es revolucionario el texto es en lo que a cultura se refiere: si tenemos en cuenta todo lo que dice sobre este asunto, se puede asegurar que la cultura española, en el año 2050, habrá dejado de existir.

El primero en darse cuenta fue el periodista Jorge Carrión, que escribía en un tuit: «La mayoría de los especialistas que han confeccionado el informe España 2050 son economistas. No hay ni un solo representante de la cultura. La palabra “cultura”, de hecho, aparece sobre todo como parte de “agricultura” o junto a “empresarial”». La idea me pareció interesante, así que me puse a investigar.

Descubrí que la palabra literatura, por ejemplo, solo aparece como sinónimo de material de documentación y que lo más cerca que está el proyecto de esta disciplina es en sus epígrafes, que son una frase de Séneca y otra de Unamuno, y en su extensión, que es similar a la de Guerra y Paz. Yo, personalmente, hubiese optado por citar en el inicio del informe la ya mítica frase de Beckett sobre el fracaso: creo que sería más representativa del conjunto del texto.

Aunque lo extraño no es que un gobierno se olvide de la cultura, que nunca le ha reportado ni un solo voto, sino que prácticamente ningún artista, trabajador del espectáculo o empresario del mundillo se haya quejado por ello. Supongo que para esto hay tres explicaciones plausibles: que la gente de la industria esté tan acostumbrada al ninguneo por parte de la clase política (porque nadie protesta contra la tradición, solo contra lo nuevo) que ni se hayan dado cuenta de su propia ausencia en el plan; que dichas personas vean el objeto del informe tan lejano en el tiempo que no crean que pueda afectarles a ellas; o que no haya nadie en el sector que se tome en serio estas previsiones. Personalmente, opino que la respuesta correcta es la última.

Lo mismo diría de la población española en general: creo que ningún ciudadano se ha tomado en serio la iniciativa, ni siquiera los ciudadanos que han participado en su elaboración.

(Bueno, pensándolo mejor, otra posibilidad para explicar que nadie del sector artístico haya protestado, por su ausencia en el texto, puede ser que en ningún lugar del documento se indique que los funcionarios del Estado vayan a desaparecer en 2050. Ahora que todo el mundo quiere dedicarse a cantar o a escribir y que la competencia para lograrlo es mayor, el puesto más alto al que un aspirante a pintor puede optar es el de campeón de oposiciones.)

La cultura autóctona posee, entonces, la misma importancia dentro del país que la industria de las hamburguesas: nadie la conoce muy bien, está hecha por personajes extraños y si desapareciese del todo no tendría demasiada importancia: siempre habrá un estadounidense (o un asiático, en 2050) que la haga mejor y que esté encantado de vendérnosla.

El plan de Pedro Sánchez para dentro de treinta años me ha convencido, en realidad, de varias cosas: de que me niego a tener que seguir trabajando siete horas al día dentro de tres décadas, de que Iván Redondo es un pésimo redactor y de que lo que de verdad quiero ser de mayor es emigrante.

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